LIBRO PENSAR Y REPENSAR LA EDUCACION. INCORPORACIONES PRESENTACIONES Y PATRONOS. 1984-1990

Por el Padre Fernando Storni S.J.

Academia Nacional de Educación, Marzo de 1991

ALBERTO C. TAQUINI (H.)

por Fernando Storni S. J.

[Texto del discurso pronunciado el 1° de julio de 1986 como presentación pública del académico, revisado por el autor.]

Esta hermosa multitud nos demuestra el arraigo social que el doctor Alberto Carlos Taquini tiene entre nosotros. No hay dudas de que esto se debe a sus numerosos méritos, pero también al apoyo que su ambiente le ha otorgado. La prosapia de los Taquini le permite presentarse aquí acompañado de una pléyade de amigos y colaboradores, amigos y parientes y también conocidos que han comenzado a apreciarlo y a elogiarlo. Nosotros, sus pares de la Academia de Educación, sabíamos a quién elegíamos, sabemos a quién admiramos, sabemos a quién podemos exigirle nuevos esfuerzos en pro de la educación argentina.

Su padre, bien conocido como cardiólogo y hombre de ciencia, y su madre, Haydée Lucía Azumendi, son quienes formaron las primeras impresiones en el niño Alberto Carlos y los que prepararon al joven. Por la formación familiar estaba destinado a ser investigador y médico, y Alberto pudo integrarse con gusto al mundo de la ciencia y de la especialización. Nacido en 1935, le ha tocado recorrer un mundo distinto del que imperaba en su infancia. Sabe de cambios y de problemas, pero supo afrontarlos con el espíritu científico y de alta política que lo rodeó desde temprano.

A los veinte años ingresa en la docencia en el Instituto de Fisiología, bajo la dirección del premio Nobel Bernardo Houssay, recién reincorporado a la Universidad. Pero ya había iniciado su carrera de investigador en 1954 junto a su padre en el Centro de Investigación Cardiológico de la Facultad de Medicina. Como investigador se consagró al estudio de los mecanismos de la hipertensión arterial, que le permitió obtener brillantemente su doctorado en Medicina y que continuó luego con más de cincuenta trabajos de investigación publicados en las mejores revistas de su especialidad.

Son años, ante todo, de estudio e investigación, y su mente se iba acostumbrando al rigor científico y a profundizar los problemas.

Su segunda etapa la podríamos señalar como la del organizador. Decano de la Facultad de Farmacia y Bioquímica, desde 1967 a 1971 se demostró capaz no solo de encarar la organización material sino que ya comenzó a formar a su alrededor el conjunto de amigos, colaboradores y alumnos que le permitirán avanzar en una serie de temas a los que se sintió atraído por su espíritu inquieto y las necesidades del país.

Desde 1973 a 1976 estuvo separado de sus cargos en la Universidad, pero ya en 1976 ocupa el puesto de presidente de la Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de Buenos Aires, donde brilló su talento de organizador y administrador de la ciencia.

A partir de entonces se ha dedicado especialmente a los problemas de la educación. No quiere decir que no se hubiera dedicado antes, pero ahora adquieren mayor relevancia en su vida. Como académico de número de la Academia del Plata, ya había incursionado en estos terrenos, pero ahora su actividad comienza a abarcar el problema educativo desde el contexto social y global, pues considera a la educación como herramienta del cambio cultural, económico y social. Se vincula preferentemente con los sectores universitarios, científico-tecnológicos y con la enseñanza media terminal.

Forma entonces un calificado e importante equipo de política educativa, que ha establecido un diagnóstico, elaborado una estrategia, y trabaja sobre un programa educativo para todos los niveles de la enseñanza, orientado a la formación de recursos humanos en el desarrollo regional, y a través de este, en el marco nacional.

En 1968 lanzó por primera vez el plan de creación de las nuevas universidades estatales, las que, más allá del plan, surgieron innumerables desde ese momento hasta los primeros meses del gobierno peronista. El joven sobresaliente de 1967 obtuvo así un reconocimiento a la lucidez y penetración de su intelecto. Asimismo, en 1975 la Asociación Universitaria Argentino-Norteamericana le concedió su Premio en Ciencias de la Educación.

Su interés por el tema universitario lo ha llevado a publicar distintas obras junto con otros autores o por su cuenta. Se ha interesado en el mejoramiento curricular de todos los niveles a través de la intervención de la universidad en los distintos campos de la enseñanza, impulsando a este fin la idea de la regionalización de la educación.

Ha estudiado la universidad como estructura y organización académica y ha hecho hincapié en la repercusión que para el desarrollo regional y para el ocupamiento territorial calificado adquiere la institución considerada. El entrecruzamiento entre la demografía y la educación ha sido uno de sus fuertes […].

Otro de los temas en los que se ha perfeccionado, siempre en el terreno de la educación, es el referido a la formación profesional que se realiza en la enseñanza media a fin de capacitar mejor a los graduados a incorporarse a la actividad laboral. Aunque otros, como Burundarena y Lagos, hayan hecho más en la práctica, las dimensiones teóricas del tema han sido trazadas por Taquini.

Por su interés por las ciencias ha impulsado el crecimiento de la comunidad científica nacional –que hoy complacida lo ve alcanzar el sitial de académico–, en especial con respecto a su interconexión con la tecnología. La UNESCO reconoció en este terreno su capacitación y alto nivel al nombrarlo en 1981 miembro de la Comisión de Expertos para la elaboración del Plan de Ciencia y Técnica para la década 1980-1990.

Todo esto ha sido logrado con el apoyo de su familia, que formó con María Marta Bosch Achával, y cuyos hijos María, Alberto y Pablo ya se destacan con perfiles propios y constituyen el trasfondo afectivo espiritual que le permite a nuestro recipiendario desarrollar la tarea que le conocemos.

Tenemos así trazada la fisonomía de Alberto Carlos Taquini. ¿Qué le espera en el futuro? ¿Cómo se desarrollará todavía su personalidad? Los misterios del futuro son siempre atrayentes cuando se unen a la capacidad de alguien que ya ha dado tantas señales de inquietudes profundas y de gran visión hacia el bien común.

El misterio de la personalidad queda reservado a Dios, nuestro Señor, pero como Dios es amor, sabemos que a través de la caridad conocemos mejor a nuestros hermanos. Por eso este acto es un gesto de reconocimiento y de amor a una rica personalidad que hemos aprendido a estimar a lo largo de tantos años de trabajo juntos, por eso lo conocemos y lo consideramos digno de asumir este sitial, honrado por el nombre de su gran maestro, el premio Nobel don Bernardo Houssay. La gloria de los maestros es formar alumnos que sean a su vez maestros. Esta Academia, al incorporarte, honra a tus maestros, entre ellos a don Bernardo Houssay y a tu padre, y sabe también que puede esperar de ti nuevos lauros. Y esta comunidad familiar y científica nos dice que no nos hemos equivocado. Demos gracias a Dios. Señor doctor Alberto Carlos Taquini, bienvenido a nuestra Academia.

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