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Presentación del Estudio

Nuevas universidades para un nuevo país y la educación superior 1968-2010

del Dr. Alberto C. Taquini (hijo)

Palabras de los doctores

Marcelo Vernengo, Roberto Cortés Conde, la senadora Norma E. Morandinni, los Diputados

Adriana Puiggrós, y Eduardo Amadeo, ausente del país, representado por Roberto Candiano 

Auditorio de la Honorable Cámara de Diputados del Congreso de la Nación Buenos Aires 25 de octubre de 2010

Habla el Dr. Marcelo Vernengo:

Agradezco la invitación a participar de este Acto de Presentación del Libro Nuevas Universidades para un nuevo país y la educación superior 1968-2010 de Alberto C. Taquini (h.), reflejo actual de su permanente interés por la Educación superior en nuestro país.

Conozco a Taquini justamente desde la primera fecha indicada en el título del Libro y, desde entonces, hemos mantenido una estrecha y continua relación.

No se puede dejar de vislumbrar y observar en su obra y en su actuación en el campo educacional en el área universitaria algunos temas, entre otros que no mencionaré, como el desarrollo de nuevas universidades, la forma de este desarrollo, las consecuencias de la expansión del sistema, la autonomía de las instituciones universitarias y su vinculación con la pertinencia y calidad de sus actividades, así como su relación con el medio social.

No puedo sustraerme o escapar a la tentación de referirme, en esta ocasión tan grata, a estos temas, aunque sea solamente en forma muy breve. Espero que ustedes me perdonen esto, porque juzgo que no sólo es una oportunidad para conmemorar este libro de Taquini, sino también, para esbozar ideas en el debate actual sobre la educación y la vida universitaria.

En todo su desarrollo histórico, desde la Antigüedad, la Educación superior ha sido, quizás, el enclave más importante de la libertad intelectual y el lugar de privilegio para la discusión de ideas y el desarrollo de la libre investigación. Pero desde hace pocos siglos, no más de tres, su desarrollo ha sido un componente esencial de la educación pública y, por lo tanto, sometida al escrutinio de la sociedad e incluida en el sistema legal de todos los países.

No puede dejar de mencionarse lo indicado en la Conferencia Mundial de Educación superior de 2009 en París y, anteriormente, en 2008, en la Conferencia Regional en Cartagena sobre la autonomía institucional en docencia, investigación y extensión y la mirada interdisciplinaria necesaria para promover el pensamiento crítico y la ciudadanía activa que contribuye al logro del desarrollo sustentable, la paz y el bienestar.

El concepto de autonomía es esencial para evitar la homogeneización cultural y respetar la diversidad ideológica y el pluralismo político, que no siempre se observa en la vida universitaria. Los procesos de evaluación de carreras que se están llevando a cabo por aplicación de la legislación vigente y que se están extendiendo a nivel regional en el Mercosur y con otros países de nuestro subcontinente pueden inadvertidamente conducir a una homogeneización indebida o excesiva, situación que debe tenerse en cuenta en la ejecución de estos procedimientos tendientes a facilitar la circulación de profesionales entre países.

El sistema universitario argentino continúa su expansión y diversificación con una demanda en permanente ascenso enfrentando una ampliación que no es fácil de resolver, tanto en términos cualitativos como cuantitativos, y que nos coloca frente a la situación de acomodar este influjo masivo a las exigencias de pertinencia y calidad que se exige actualmente a los sistemas universitarios en todo el mundo.

Aunque no causados por esta expansión, ni exclusivamente en la Argentina, se presenta el problema de la deserción estudiantil, el desgranamiento, el abandono de los mismos, así como la permanencia o duración excesiva de sus estudios que, repito, debe examinarse frente a estas nuevas exigencias de pertinencia y calidad. Es en ese marco, que se debe analizar la creación de nuevas universidades, fundamentalmente, en los últimos tiempos, movidos por intereses locales o regionales para evitar que se reproduzcan los modelos de desarrollo que han guiado, en general, a las universidades desde la propuesta de Taquini en 1968.

Debería ser el objetivo de los estudios universitarios la formación integral de la persona, tanto en su capacidad ciudadana, como profesional, para asumir su comportamiento en el marco de una actitud ética y social propia que le permita actuar constructivamente y con responsabilidad en el desarrollo de la sociedad en que vive y preferentemente con una concepción solidaria que lo ubique adecuadamente en su ámbito individual, en su país y en el mundo.

La reivindicación del carácter humanista de la Educación superior manifestada en las mencionadas reuniones no significa el abandono de la formación profesional demandada por la sociedad sino que en los estudios universitarios se tome en mayor consideración la formación integral de personas con capacidad para contribuir al desarrollo.

Es, en relación a esto, por lo que deben observarse con preocupación los más recientes datos sobre matriculaciones en las universidades argentinas, que revelan la continuidad del predominio del ingreso a carreras tradicionales o las de prestación de servicios, siendo que el área de las ciencias exactas y naturales y otras carreras técnicas, como, por ejemplo, la agronomía, siguen siendo las menos favorecidas.

Varios son los factores que producen esta tendencia en la matriculación de los estudiantes y han sido hace poco examinadas, por ejemplo, con motivo de la reciente Exposición de la UBA. No solamente se debe a deficiencias de la enseñanza de las ciencias en el secundario y a otros problemas de la enseñanza técnica en ese nivel sino a una percepción social de menores posibilidades de desarrollo personal lucrativo, de las posibilidades de empleo y de reconocimiento social, así como un cierto temor al esfuerzo y a la dificultad que aparentemente implicaría proseguir esos estudios. En realidad, habría también que examinar otros factores externos a las universidades, como el bajo apego del empresariado argentino a la innovación y el desarrollo tecnológico propio y la necesidad de establecer políticas públicas más específicas en ese campo.

El mecanismo que, de hecho (porque no está descrito en la legislación), se ha implementado en la Argentina para el desarrollo de los estándares para la acreditación de las carreras incluidas en el artículo 43° de la Ley 24.521 involucra el desarrollo de los mismos por asociaciones de decanos o de directores de carrera (agrupando conjunta o separadamente, según los casos, a representantes de las universidades nacionales y de las privadas) que luego de debatidas se elevan al Ministerio de Educación para su aprobación, previo dictamen del Consejo de Universidades.

Es de esperar, en mi opinión, que el futuro desarrollo de estos estándares se conduzca de una manera que ateniéndose a lo prescripto por la Ley se limiten a determinar los requisitos mínimos y las características de la enseñanza, tanto en lo teórico como en lo práctico, indispensables y necesarios para el ejercicio de las funciones reservadas para cada carrera incorporada al régimen del artículo 43° de la Ley, sin consagrar el statu quo y que permita a las universidades poner en práctica propuestas innovadoras y diferenciadas, tanto en lo técnico como en lo pedagógico, en el marco de la autonomía consagrada por la legislación.

Un aspecto importante del desarrollo de estándares de calidad es uno que se refiere a un tema de particular interés de Taquini y es la relación entre los avances tecnológicos y el desarrollo de los procesos pedagógicos según las características de cada carrera en particular y, especialmente, frente al auge de la enseñanza a distancia. No puedo dejar de decir que el aprovechamiento de los avances tecnológicos no debería realizarse en detrimento de la necesaria relación personal entre maestros y estudiantes, especialmente en las carreras de posgrado que involucran la innovación creativa y la investigación, como en las maestrías y en los doctorados.

Las Universidades no son instituciones que funcionan en un vacío social. La autonomía universitaria funciona subordinada a algunos condicionamientos sociales. siempre se han enunciado como parte de las funciones de las universidades argentinas, las actividades de extensión y de prestación de servicios que deberían encararse, no como fuente de recursos financieros sino como parte de la formación de los futuros egresados y como una respuesta de las universidades y de cada uno de sus componentes al privilegio de pertenecer a una institución universitaria y de sus egresados como futuros agentes o dirigentes del quehacer nacional.

Referencias:

«Declaración de la Conferencia Mundial de Educación Superior de 2009», Unesco, París, julio de 2009. «Declaración de la Conferencia Regional de Educación Superior en América Latina y el Caribe», Cartagena de Indias, 4-8 de junio de 2008. ARCU-SUR. «Experiencia Regional de Acreditación de Carreras de Grado», 2009.

CRES – MERCOSUR – Seminario «Sistemas de Acreditación de Carreras de Posgrado en el MERCOSUR», Montevideo, 2009.

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