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Presentación del Estudio

Nuevas universidades para un nuevo país y la educación superior 1968-2010

del Dr. Alberto C. Taquini (hijo)

Palabras de los doctores

Marcelo Vernengo, Roberto Cortés Conde, la senadora Norma E. Morandinni, los Diputados

Adriana Puiggrós, y Eduardo Amadeo, ausente del país, representado por Roberto Candiano 

Auditorio de la Honorable Cámara de Diputados del Congreso de la Nación Buenos Aires 25 de octubre de 2010

Habla la Lic. Adriana Puiggrós:

Yo, en primer lugar, quiero agradecerle al doctor Taquini esta invitación y confesarles que, tanto cuando me habló, como hace un rato, le dije ¿estás seguro de que querés que esté acá? Él me dijo que sí, porque le gusta la polémica, con lo cual ratifiqué algo por lo cual yo le tengo un gran respeto a Alberto Taquini, que es que escucha y cada tanto reúne, además, en unas muy agradables cenas en su casa, a quienes pensamos distinto.

Entonces, me parece un mérito enorme de parte de Alberto Taquini el escuchar y el insistir en que estemos quienes pensamos distinto. Y por otra parte, cuando entré acá y hablábamos aparte del problema de la libertad de expresión, yo recordaba que en este mismo salón se realizó la consulta, una parte de la consulta, durante casi un mes, acerca de la nueva ley de servicios audiovisuales y entonces ahí pensé, esto articuló, se vinculó con varias de las cosas que yo quería decir, que las quería decir desde el lugar donde me siento, que es el de la libertad de expresión, ¿no? Mejor que esté acá, es una muestra de la enorme libertad de expresión que hay hoy en la Argentina. Y lo que pensaba es que cuando se arqueó la ley de servicios audiovisuales, la palabra libertad y la palabra democracia estuvieron en juego y hubo muchas articulaciones distintas de libertad y de democracia en quienes vinieron a exponer aquí, quienes estaban en una postura y quienes estaban en otra postura, porque vinieron todos. Me quedé pensando en la enorme diferencia que hay entre lo que significa la multiplicación de las voces que propone y que habilita la nueva ley de servicios audiovisuales en contraste con lo que significa un problema que tenemos hoy, no sólo en Argentina, sino que es un problema latinoamericano, iberoamericano y europeo, que es el de la libertad de mercado de la educación superior; y entonces esto me lleva a plantear el gran problema que divide en estos momentos a la opinión de toda América Latina y también de muchas universidades europeas.

En relación a la actualidad y al futuro de la universidad, voy a tocar esto enseguida, pero antes quiero referirme a algunas cuestiones puntuales, creo son centrales y que están, no solamente en el libro, sino en ese planteo que Taquini dice en el libro de que él hace cuarenta años que golpea para mejorar la educación superior integrada, que me parece realmente un acierto. O sea, es así, él en otro momento, en la página ciento cuatro, de alguna manera lamenta que la aparición de las nuevas universidades haya sido, efectivamente, en momentos de violencia y de muerte; es decir, que haya aparecido el planteo de Alberto Taquini, que yo creo que fue visionario, es algo que hay que estudiar profundamente. Él mismo dice que lamenta que hayan aparecido en ese momento, fue durante la dictadura de Onganía. Entonces esto es algo que tiñe la lectura de ese aporte que hace Taquini cuando él ve lo que va a ir pasando; él ve que en la realidad argentina ocurre algo que no ocurre en muchos otros países, algo de lo que él se alegra, de lo que debemos alegrarnos, que es que muchísima gente quiere estudiar en la educación superior, que quiere seguir estudios superiores.

El doctor Cortés Conde mencionaba esto dándonos algunas estadísticas, y en ese sentido es que, claro, frente a ese hecho que ve venir, lo que dice Taquini es: «bueno, ver, lo que tenemos que hacer es buscar una manera de que todos aquellos que quieran seguir la educación superior…», en un país que en ese momento tenía veintitrés millones de habitantes, pudieran todos tener la perspectiva de ingresar a la educación superior y entonces es cuando él dice: «bueno, lo que pasa es que la antigua idea de universidad ya no funciona, ya no podemos seguir pensando en instituciones que tienen un origen medieval y que no cambian…», sino que hay que pensar en lo que él va a llamar un sistema operativo integrado capaz de operar en ese sentido operativo y, al mismo tiempo, que pueda conservar la autonomía de las instituciones universitarias. Esta vinculación entre sistema integrado y autonomía universitaria es algo que, desde el principio, plantea Alberto Taquini y me parece que es la conjunción política y académica más importante que nosotros debemos, de alguna manera, resolver. No es una contradicción, no es un antagonismo, sino que es una conjunción de dos elementos que no terminan de resolverse, no solamente en la Argentina, que no terminan de resolverse en las universidades. Ahora, claro, la cuestión es que Taquini avanza planteando varias otras cosas. Por ejemplo, cuando él plantea la equivalencia entre los institutos y las universidades, claro, durante muchos años mucha gente le dijo: «no, no, está equivocado, o sea, los institutos tienen otra calidad, de ninguna manera…», y la resistencia de las universidades a vincularse con los institutos ha sido sistemática.

La otra cara de este mismo tema puede darse de la siguiente manera: ¿quiénes van a los institutos? A los institutos van aquellos que no alcanzan económicamente, socialmente, a ir a vivir a una ciudad grande, a sostener lo que significa una carrera universitaria, entonces, quedan allí. ¿Qué tipo de educación se les ha venido proporcionando? Una educación escolarizada, una educación descalificada, es decir, el origen de esto es que pertenecen a un sector social distinto, un sector social de menores recursos y, al mismo tiempo, cuando obtienen un grado o un título, ese título, socialmente, vale menos que el de una universidad, aunque muchas veces, y sobre todo en la actualidad en que hay subsedes de universidades, cantidades de subsedes de universidades en todo el país, lo que estudia alguien en una equis carrera en una subsede de una universidad o, incluso, en muchas universidades, muchas veces es equivalente a lo que estudia otra persona en un instituto de educación superior.

Con los años, la predicción de Alberto Taquini se hizo realidad, y hoy, en la Argentina, tenemos muchísimas instituciones de educación superior que son universidades públicas, universidades privadas, sedes, subsedes, colegios universitarios, centros de formación científica y tecnológica que se están proponiendo en diversos lugares, institutos de educación superior, docentes, técnicos. Todo eso en el medio de un caos, por varias razones. Uno podría ordenar esas razones diciendo que hace falta un nuevo orden en la educación superior en la Argentina, que podemos llamar Ley de Educación superior; a mí no me caben dudas de que hace falta una Ley de Educación superior, pero podemos no reducirlo a una ley, porque, sino, terminamos dando vueltas en torno a un tema que no está, evidentemente, suficientemente consensuado. Sobre todo no está suficientemente consensuado con los rectores de las universidades.

Entonces, creo que no se debe reducir ahí. sí tenemos que abrirlo un poco y decir no es una ley o no ley, sino que es un nuevo orden, que es una nueva política de educación superior, la Argentina necesita una nueva política de educación superior, y ahí nuevamente aparece el problema que planteaba al principio, porque emerge el debate, ese debate que quedó tan claro en Cartagena en 2008, en París en 2009, en Guadalajara a fin de mayo pasado en 2010, que es el debate acerca de si la universidad debe ser pertinente al mercado o si la universidad debe ser pertinente a la sociedad. Y también si las universidades públicas, que es de las que se ocupa Alberto Taquini, pertenecen sólo a la sociedad o son organismos autónomos y autárquicos, como bien lo establece la Constitución Nacional, organismos autónomos y autárquicos del Estado Nacional que es quién las financia. La sociedad las financia a través del Estado, no digo del gobierno, digo del Estado. Entonces, realmente es un problema muy serio, porque cuando en Cartagena en el 2008, el entonces presidente de Colombia Álvaro Uribe dijo ante cuatro mil personas que la universidad debía ser pertinente al mundo empresarial, y esto no quedó en la declaración final, pero, sin embargo, siguió subsistiendo como una tendencia muy fuerte, también ocurrió lo mismo en París, pero finalmente en Guadalajara, en 2010, se hizo una reunión donde hubo casi mil rectores acompañados de otros tantos empresarios, porque fue una reunión entre empresarios y rectores, organizada por el grupo Universia y financiada por el Banco Santander. Entonces, muchos de nosotros, cuando cobramos el salario ahora en la Universidad de Buenos Aires decimos: «qué raro, nos paga el Banco santander». Efectivamente, nos paga el Banco santander, y uno empieza a averiguar y se encuentra con que el Banco santander ha avanzado muchísimo, no solamente poniendo universidades en América latina, sino siendo la cabeza del avance del acuerdo de Bolonia, y ahí tengo un desacuerdo con Alberto Taquini, del avance del acuerdo de Bolonia sobre el espacio del acuerdo Iberoamericano. ¿Cuál es mi desacuerdo? Es ese punto profundo, ¿no? Mi desacuerdo es que en realidad una cosa es la autonomía universitaria y otra cosa es la libertad de mercado, pero a pesar de que Taquini no habla de libertad de mercado, hay una contradicción entre querer organizar un sistema de educación pública respetando al mismo tiempo la educación privada, y decir «hace falta un solo sistema», dice Taquini y tiene razón, un solo sistema que incluya la educación pública y la privada, uno sólo, con autonomía para la pública y con la libertad que debe tener toda actividad privada para el sector privado. Esto es una cosa, pero muy distinto es que el conjunto de la educación superior sea planificada de acuerdo a la libre compra-venta regulada por el mercado. Hace unos cuatro, cinco años, el gobierno argentino, siendo presidente el doctor Kirchner y ministro de educación el Lic. Filmus, firmó un acuerdo con el gobierno de Brasil comprometiéndose a que se iba a sostener la educación superior como un bien público, y que no se iba a acatar la resolución mundial del comercio en el sentido de ubicar a la educación superior como un bien transable.

Personalmente, creo que es muy importante que se sostenga ese acuerdo. Es muy importante que un organismo como UNAsUR tome ese acuerdo y lo sostenga para el conjunto de la región, porque una cosa es entender que el conocimiento es un bien público y en tanto bien público puede ser un objeto de libre venta en el mercado, y otra cosa distinta es entender que el conocimiento es un bien público y entonces debe ser objeto de un ordenamiento democrático en el marco de un sistema público de educación superior; público, insisto, en un sentido amplio, en donde la educación estatal pueda tener lugar y también pueda tener lugar la educación privada, pero son modelos realmente distintos. Entonces, en ese sentido y para ir terminando, quiero decir, informarles, contarles que desde el primero de marzo de 2008, que fue cuando la Presidenta de la Nación, la doctora Cristina Fernández de Kirchner, le pidió al Congreso que estudiara la posibilidad de una nueva Ley de Educación superior, se han venido realizando actividades muy tensas.

En 2008, la Cámara de Diputados realizó actividades muy intensas. La cámara de senadores realizó dos foros, y ahora está por realizar un tercer foro, justamente sobre educación superior. La consulta fue sumamente amplia y ha seguido durante todo este tiempo, y en la actualidad, en la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados hay un acuerdo de todos los bloques en el nivel de asesores que, no sólo ratifica el acuerdo de doce puntos que hubo a nivel de diputados a fines de 2008 y que le fue entregado al entonces ministro de educación de la Nación Juan Carlos Tedesco, sino que se amplió muchísimo ese acuerdo trabajándolo durante todo el año. Ahora, claro, esto es en función no solamente de la posibilidad de llegar a un acuerdo el año próximo, el que sea, cuando fuere, llegar a tener una nueva ley, sino en el sentido de establecer una nueva conciencia sobre el tema de la educación superior.

Y esa nueva conciencia sobre la educación superior, yo creo que convoca tanto a quienes nos interesamos especialmente por la educación superior pública estatal y creemos que debe haber un sistema, y creemos que tiene que haber planeamiento y creemos que el planeamiento no es contradictorio con la democracia, sino que precisamente, en un país donde hay injusticia, el planeamiento es algo que ayuda a la democracia. Y esto lo estamos viendo, como el planeamiento está ayudando a la democracia. Entonces, creemos que este tipo de consensos ayudan a que el conjunto pueda discutir el futuro de la educación superior, tanto quienes lo vemos desde el lado de la educación pública estatal, como quienes lo ven desde el lado de las universidades privadas, que a ninguno le es útil, le es beneficioso, el avance indiscriminado del mercado, sino que para todos el planeamiento es necesario. El planeamiento lleva acuerdos. El planeamiento significa respetar al verdadero sujeto del derecho a la educación, que son los jóvenes de este país, que son quienes quieren estudiar, seguir estudios superiores en este país, jóvenes y adultos también. Entonces, tomando las cuestiones más fuertes que plantea Alberto Taquini, yo creo que sí debemos trabajar para construir un sistema de educación superior, que ese sistema tiene que tener múltiples instituciones, que no pueden ser sólo universidades, que tenemos que establecer un sistema de créditos para que haya un reconocimiento de lo que los estudiantes van haciendo y no un desconocimiento y una desacreditación de aquel que no termina una carrera pero que estudió tres, cuatro, cinco años, entonces sí un sistema de créditos. Y creo que realmente tenemos que discutir mucho el tema de la evaluación y, ahí no puedo dejar de dar mi opinión, en ese sentido, también disiento. Yo creo que la evaluación tiene que ser pública, que no puede haber muchos sistemas distintos de evaluación ni muchos evaluadores, ni que la evaluación puede ser parte del mercado; que el Estado tiene que ser quien evalúe, y cuando digo Estado me refiero, insisto, a Estado y no gobierno. Creo que la CONEAU es una institución que tiene esas características. Podemos discutir mucho sobre la CONEAU; en el proyecto de la ley que hemos presentado le damos más funciones a la CONEAU, la hacemos más amplia, pero bueno, de todas maneras es parte del esquema que estoy diciendo.

Quiero agradecerle mucho a Alberto Taquini esta invitación y muchas gracias a todos ustedes por escucharme.

* La Diputada Adriana Puiggrós fue decana de la Facultad de Filosofía y Le­tras de la Universidad de Buenos Aires, ministra de Educación de la Provincia de Buenos Aires, secretaria de Estado de Ciencia y Tecnología de la Nación y preside hoy la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados de la Nación.

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